Manual Merck para el Hogar
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Picaduras de arañas

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Picaduras de arañas

Casi todas las arañas son venenosas. Afortunadamente, los colmillos de la mayoría de las especies son demasiado cortos o frágiles como para atravesar la piel humana. Algunas especies no nativas de un país pueden llegar a otro en las frutas, verduras u otros materiales. A pesar de que algunas tarántulas son consideradas peligrosas, sus mordeduras no producen lesiones graves a las personas. Las picaduras de arañas causan muy pocas muertes al año y casi siempre son niños.

Sólo unos pocos venenos de araña han sido estudiados con detalle y se ha podido ver que son complejos y contienen enzimas y otras proteínas que producen diversas reacciones en el organismo.

Síntomas

La picadura de una araña viuda negra suele causar dolor agudo, parecido a un pinchazo, seguido de un dolor sordo que, a veces, produce entumecimiento en la zona que rodea la picadura. También se producen calambres y rigidez muscular en el abdomen o en los hombros, la espalda y el pecho. Otros síntomas pueden incluir inquietud, ansiedad, sudación, dolor de cabeza, mareo, caída e inflamación de los párpados. Tambien pueden aparecer erupción cutánea y picores, problemas respiratorios graves, náuseas, vómitos, mayor producción de saliva y debilidad. La piel que rodea la picadura puede notarse caliente.

La picadura de una araña solitaria marrón puede causar poco o ningún dolor inmediato, pero al cabo de una hora provoca dolor en el área que rodea la picadura. El dolor puede ser intenso y afectar a la totalidad de la herida. La zona que rodea la picadura se enrojece, aparecen hematomas (moraduras) y además, puede producir picor. El resto del cuerpo también puede picar. Luego se forma una ampolla, que, en ciertas ocasiones, puede rodearse tanto de hematomas irregulares como de un área roja en forma de diana. Primero, la zona se asemeja a un ojo de buey. A continuación, la ampolla aumenta de tamaño, se llena de sangre y, posteriormente, se rompe, formando una llaga abierta (úlcera) que puede dejar una gran cicatriz. La víctima puede tener náuseas, vómitos, dolor, fatiga, escalofríos, sudación, alteraciones de la sangre, e insuficiencia renal, pero la picadura rara vez resulta mortal.

Tratamiento

La única medida de primeros auxilios eficaz para una picadura de viuda negra es colocar un cubito de hielo sobre la picadura para reducir el dolor. Las personas menores de 16 años y las mayores de 60 o que tienen presión alta y alguna afección cardíaca suelen ser hospitalizadas para recibir tratamiento. En los casos de envenenamiento grave se aplica un antídoto para neutralizar los efectos de la toxina. Es posible que sean necesarias otras medidas para tratar las dificultades respiratorias y la presión arterial extremadamente alta. Los dolores y espasmos musculares pueden aliviarse con relajantes musculares. En los casos leves, es posible calmar el dolor con baños calientes y, en los casos graves, mediante analgésicos opiáceos.

Para las picaduras de la araña reclusa marrón, se coloca hielo sobre la picadura para reducir el dolor. Para reducir la inflamación se suelen administrar corticosteroides. Aún no existe un antídoto comercializado.

 Arañas peligrosas

Las llagas de la piel se limpian a diario con peróxido de hidrógeno (agua oxigenada); el tejido muerto se va retirando según sea necesario. En la mayoría de las picaduras, este tratamiento es suficiente.

Picaduras de abejas, avispas, avispones y hormigas

Las picaduras de abejas, avispas, avispones y hormigas son muy frecuentes en muchos países. Una persona normal puede tolerar sin problemas 10 picaduras por cada medio kilo de peso corporal. Esto significa que el adulto podría soportar más de 1000 picaduras, mientras que 500 podrían matar a un niño. Sin embargo, una picadura puede provocar la muerte a causa de una reacción anafiláctica en personas alérgicas. La muerte, aunque muy rara vez se produce tras recibir múltiples picaduras de abeja, suele sobrevenir a causa de un mal funcionamiento cardíaco y del colapso del sistema circulatorio. Existe una variedad de abeja mucho más agresiva, llamada abeja asesina africanizada, procedente del norte de Sudamérica, la cual, al atacar a sus víctimas en grandes grupos, produce una reacción mucho más grave que las demás.

En ciertas áreas, como por ejemplo, el sur de los Estados Unidos y, en particular, en la zona del Golfo de México, las hormigas rojas provocan miles de picaduras al año. Hasta el 40 por ciento de las personas que viven en áreas urbanas infestadas pueden ser picadas en varias ocasiones al año, y al menos 30 muertes se han atribuido a las picaduras de estos insectos. La picadura de la hormiga roja suele producir un dolor inmediato y la zona se inflama y enrojece, síntomas que desaparecen en un período de 45 minutos. Luego se forma una ampolla que se rompe a las 30 o 70 horas, y la zona suele infectarse. En algunos casos, en lugar de una ampolla, se forma un área roja e inflamada que provoca picazón. La anafilaxia (reacción alérgica que puede poner en peligro la vida y, en la cual, la presión arterial desciende y las vías respiratorias se cierran) se produce en menos del 1 por ciento de quienes sufren picaduras por hormigas rojas. Pueden inflamarse algunos nervios del cuerpo y, a veces, se producen convulsiones.

Tratamiento

Las abejas, las avispas, los avispones y las hormigas rojas pueden dejar su aguijón en la piel al picar. Éste debería ser retirado raspando suavemente la superficie cutánea hasta hacerlo salir, pero nunca tirando de él ni retorciéndolo, puesto que se podría introducir todavía más veneno en el cuerpo. Un cubito de hielo colocado sobre la picadura reduce el dolor. También es útil aplicar cremas que combinen un antihistamínico, un analgésico y un corticosteroide. Los alérgicos a las picaduras siempre deberían llevar un equipo de urgencias con comprimidos de antihistamínicos y una jeringa ya cargada con adrenalina, la cual bloquea las reacciones anafilácticas o alérgicas.

Las personas que han tenido una gran reacción alérgica a una picadura de abeja pueden ser sometidas a un proceso de desensibilización, que podría evitar nuevas reacciones en el futuro. La desensibilización es un proceso por el cual el cuerpo es expuesto a pequeñas cantidades de la sustancia que le provoca una respuesta alérgica (alergeno) hasta que dicha respuesta desaparece.

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